Los Tacones de Oz – Rubén Turienzo
Decía un antiguo principio pedagógico que “la letra con sangre entra”. Seguramente este principio era suscrito por alguien que creía que la única forma de transmitir el conocimiento era mediante lecciones magistrales que sentasen cátedra sin posibilidad alguna de ser rebatidas o cuestionadas por su “rebaño” de alumnos/oyentes que aceptaban a forma de acto de fe aquello que se les transmitía.
Parece que los conocimientos se han de transmitir de forma compleja: utilizando un lenguaje pomposo y elevado, utilizando toneladas de paja en la redacción y en muchos casos echando mano a complejas sistematizaciones matemáticas.
Los Tacones de Oz es un canto a una nueva (y cada vez más extendida) forma de entender la transmisión de conocimiento y de nuevas ideas: de una forma sencilla y utilizando una historia como hilo conductor para mostrar aquello que se quiere contar. Esta es la mejor manera de poder lograr que el lector pueda comprender el mensaje que hay detrás, viendo ejemplos de el y no simples teorizaciones que suelen acabar en ese plano, en el teórico.
Los tacones de Oz consigue engancharnos desde el primer capítulo hasta el último y nos cuenta una historia acerca de la importancia del trabajo en equipo, de la creatividad, de la confianza en uno mismo y del liderazgo en las organizaciones.
Mediante una historia sencilla inspirada en el cuento del mago de Oz, Rubén Turienzo introduce historias y citas extraídas de varias culturas con el fin de poder dar inputs al lector para que él elabore sus conclusiones y pueda aplicarlas, pero sin intención de marcar el camino imponiendo normas.
Muy recomendable para aquellos que quieran recibir ideas inspiradoras que le enseñen que la grandeza está en las pequeñas cosas.


29. jul, 2008 







Escrito por
Fabulosa reseña.
Gracias por esas maravillosas palabras y por darme ánimos para seguir escribiendo. Espero que muchas personas disfruten como tú y como yo de Dorothy y que poco a poco ayudemos a que las personas sean menos como la Sra. West que todos y todas llevamos dentro.
Un fuerte y agradecido abrazo.
Rubén Turienzo