Buscando la salida del túnel
Artículo presentado al concurso de ACTIBBVA, si te gusta vótalo en este enlace.
España ha vivido en los últimos diez años un periodo de presunta bonanza económica. Coloco la palabra presunta junto a la bonanza puesto que esta bonanza ha sido simplemente un espejismo. La gente en España, creía que los tiempos de penuria y de viajar en el vagón de cola de Europa habían terminado gracias principalmente a un sector: la construcción de viviendas.
En épocas de bajos tipos de interés, los bancos se animaron a conceder préstamos a diestro y siniestro sin importarles profundamente si aquella persona podría pagar sus cuotas, si la tortilla económica se daba la vuelta. Además la gente aprovechaba que los precios de sus viviendas recién adquiridas se revalorizaban para aumentar su nivel de endeudamiento para poder consumir más servicios y bienes que en condiciones más realistas no hubieran consumido.
Esto llevó al consumo a alcanzar cuotas nunca vistas y lo más grave a mi entender, entró dentro de la conciencia de la gente el sentimiento de riqueza. Se matriculaban más de un millón de coches al año, la gente inundaba los restaurantes incluso entre semana, en resumen: no se reparaba, se sustituía directamente.
Lo peor de estas ilusiones colectivas es que la masa prefiere creerse rica a afrontar de cara la realidad. Durante estos últimos años, todo aquel que presentaba el concepto de burbuja en referencia al sector inmobiliario, era tachado de catastrofista y sus declaraciones eran recibidas como un grave insulto contra el crecimiento económico.
Si entramos más en detalle en la problemática nos encontramos con un acceso blando al crédito por la bajada de criterios para la concesión de los mismos y unos tipos de interés bajos. También es muy relevante la concepción española muy arraigada según la cual alquilar una vivienda es equivalente a tirar el dinero (gran falacia). Este relajo en los criterios fue aprovechado por los promotores y constructores para ofrecer vivienda al precio máximo que los bancos concedían a sus clientes, subiendo progresivamente el precio de la vivienda a ritmos cercanos al 20% anual.
Estos grandes crecimientos del sector atrajeron la aparición de especuladores, los cuales obtenían grandes beneficios especulando con un bien básico para la personas como es la vivienda. Estos incrementos en los precios alejaban cada vez más al colectivo de los jóvenes de la vivienda, incluso del alquiler de vivienda de forma individual y ha hecho que surja la necesidad de compartir viviendas entre tres o cuatro personas, a habitación por cabeza.
La pregunta que yo me hacía era por qué no intervenían los gobiernos para solucionar esta situación. La respuesta era muy sencilla, porque todos salían ganando de esta vorágine. El gobierno central y los autonómicos podían presentar grandes resultados de crecimiento económico y recaudaba grandes cantidades de impuestos: IVA, Impuestos de Sociedades, IRPF… Las administraciones locales también estaban encantadas con el incremento en la recaudación de licencias de obra, IBI, recalificaciones. Todo esto sin tener en cuenta la cantidad de personas representantes de los diferentes poderes del estado y allegados que se han enriquecido a costa de tomar decisiones interesadas.
Esta locura ha llevado a que se llegaran a promover casi un millón de viviendas al año en España, una absoluta locura de la cual nadie quería quedarse fuera. El problema llega cuando los tipos de interés suben fuertemente y se empieza a descubrir todo el problema de forma seria. La gente cada vez dispone de menos dinero líquido tras pagar la cuota de la hipoteca y demás préstamos. La gente ya no pide tanta vivienda y empieza a ser menos necesaria menos mano de obra para la construcción y para los servicios y producción y venta de bienes de consumo.
El problema es que estas personas que ya no son necesarias en estas industrias, también están metidas en la rueda puesto que ellos también tienen hipotecas, deudas y también han consumido muy por encima de sus posibilidades porque el banco se lo ha permitido gracias a sus laxos criterios en la concesión de créditos.
Cuando estos centenares de miles de personas pierden su puesto de trabajo, el problema no hace más que seguirse agrandando. Cuál ha sido el gran problema estructural: condicionar el crecimiento a sectores sin ningún valor tecnológico o diferencial añadido. Para qué estudiar muchos años e investigar si sin ningún esfuerzo o formación, uno puede ganar tres o cuatro veces más poniendo tochos. La cultura del esfuerzo y el mérito ha dado paso a la cultura del pelotazo, y lo que es peor se ha instalado en el pensamiento colectivo la normalidad de este tipo de actuaciones propias del latrocinio.
Este panorama hace que una gran parte de la clase creativa que existe en el país, esas personas que aportan valor añadido y posibilidad de crecimiento, se vayan hacia otros puntos del globo en los cuales su talento se valore y les surjan oportunidades para poder explotar sus cualidades y sus conocimientos por un salario digno en comparación a su valía profesional. Tengo un caso muy cerca de esto. Uno de mis mejores Amigos, una persona que a sus 28 años tiene tres Licenciaturas y una Diplomatura, un Master Magna Cum Laude y habla perfectamente 4 idiomas (aunque se defiende muy bien en otros 3) ha sido recibido con los brazos abiertos por el programa más prestigioso de una de las mejores univesidades mundiales: Wharton en Pensilvania, Estados Unidos.
Es una pena que muchos de nuestros grandes investigadores, formados con nuestros impuestos en nuestras universidades, se vayan a Estados Unidos, Europa o Asia para poder desarrollar su creatividad y plasmar sus conocimientos porque en nuestro país solamente reciben unos 800-1.000 euros por investigar. El problema es que no hay fondos para el departamento del cual dependen y por tanto su investigación, pero si que hay dinero para comidas oficiales, coches oficiales, gastos supérfluos y demás. Sin voluntar de ser demagógico, nos debemos plantar y dejar de aceptar este tipo de actitudes. Nuestra cercanía ideológica con alguno de los partidos políticos no nos debe llevar a la ceguera de no preguntarnos qué se hace con nuestro dinero y reclamar responsabilidades a los políticos por lo que hacen sean del símbolo político que sean, el problema es que para eso se debe estimular el pensamiento crítico, miedo numero uno de las clases políticas, las cuales disponen de los medios de comunicación para crear cortinas de humo en forma de deportes y salsas rosas y de otros colores.
Resumiendo, apostar por el pelotazo hace que durante unos pocos años unas minorías se enriquezcan a costa de hipotecar el crecimiento de generaciones futuras, el cual solamente se puede lograr apostando por el desarrollo de la clase creativa, personas que sean capaces de aportar valores genuinos e insustituibles como forma de diferenciarse frente al actual panorama global en el cual ya no somos competitivos en mano de obra, pero por desgracia tampoco lo somos en tecnología e investigación.
El gran crecimiento y desarrollo que ha experimentado España desde su adhesión a la UE en 1986, no se ha aprovechado para ponernos a rueda de los países tecnológicamente más avanzados sino para gastar más y para creernos europeos en los derechos pero no en las obligaciones.


03. abr, 2009 






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Totalmente de acuerdo. Sobre todo me ha gustado lo de la sensación de riqueza que hemos tenido durante estos años porque es totalmente cierto. Todo el que tenía casa encantado de ver cómo subían los precios alrededor y pensando (algunos) que por arte de magia se habían convertido en millonarios y podían vender esa casa y comprar otra más cara porque total, como sigue subiendo…
Y lo de apostar por ciertos sectores que aporten más valor también estamos oyendo últimamente a nuestros políticos hablar de cambiar el modelo económico y esas cosas que suenan tan bien pero me temo que se quedará en nada.